Manifiesto por una Alianza Patriótica
El ser humano ha logrado avances en el campo material que no habría podido ni siquiera soñar hace poco tiempo. Sin embargo, pese a haber conquistado la ciencia y la tecnología, aún exhibe un gran desconocimiento de sí mismo y de los alcances de su espíritu. La humanidad afronta terribles desafíos, como resultado de haber convertido a la búsqueda de poder y riqueza en una meta superior a la vida, la libertad, el bien común y la felicidad.
En esta carrera por dominar a los demás a través del dinero y las armas, se ha empezado a destruir nuestro hogar en la biosfera El cambio climático, que ya está produciendo una nueva era de extinción masiva, fue producido por la irresponsabilidad sin límites del actual orden económico y es la mayor amenaza que haya vivido el ser humano en toda su historia.
La actual crisis del capitalismo financiero marca el deceso del fundamentalismo de mercado y de la supremacía de las grandes corporaciones, cuya superioridad llegó a desplazar preciadas construcciones culturales y opacar valores milenarios. El mercado llegó a anular la política, a inutilizar la democracia, al punto de convertir a líderes políticos de las naciones más respetables en meros lacayos de esos intereses.
La cultura del espectáculo y el entretenimiento deslumbra a grandes mayorías en todo el planeta y las conduce como ejércitos de hormigas encantadas por la hipnosis consumista y la banalización de la vida. Buena parte de los medios de comunicación colectiva, convertidos en maquinarias ideológicas de manipulación, ayudan a perpetuar este formidable aparato de dominación. La dependencia de aparatos electrónicos ha situado al ser humano al borde de una peligrosa enajenación, pero la cultura del dinero no se detiene ni ante las amenazas a la vida y a la libertad.
Así se construye la tragedia que vive la humanidad, necesitada, una vez más, de un nuevo sueño de liberación y de la construcción de un mundo solidario, en el cual todas las personas cuentan, como el que propusieron las revoluciones más grandiosas de la historia.
La actual crisis económica, acompañada por el fin de la era de los combustibles fósiles y las amenazas ambientales marca el fin de una era caracterizada por la arrogancia del materialismo llevado a todos los órdenes de la cultura. El anunciado fin de la historia fue un torpe alegrón causado por los espejismos del actual orden.
En su lugar, brotan guerras por todas partes. Y como una maldición milenaria, Caín sigue matando a Abel, para hacernos ver que, en materia del espíritu humano, aún estamos en la prehistoria. La aspiración de un mundo de paz y de justicia se mantiene como un sueño impensable dentro de un orden basado en la codicia y la ambición. El desafío trasciende la búsqueda de otro modelo o de novedosas propuestas ideológicas. Ahora el ser humano debe encarar el reto de su propia transformación.
Los dos siglos anteriores fueron escenarios de combates por lograr un orden social superior bajo las banderas del socialismo. Los fracasos registrados fueron la consecuencia de haberlo desligado de la democracia, la libertad y del papel ineludible del espíritu humano. El propio sueño de la revolución social sucumbió ante el reinado del egoísmo y la idolatría del poder político. Es preciso replantear la dimensión ética del desafío, pues la escala de valores reinante moldea la sociedad en que se ha de vivir.
Cayó la Unión Soviética y lo que sobrevive del comunismo es apenas una caricatura del orden social que pretendieron los profetas del socialismo. Ello causó la prevalencia de la derecha. Ahora el péndulo se mueve hacia el otro lado y es la economía de la nación más poderosa del planeta la que convulsiona como producto de la insostenibilidad de su modelo.
Han fracasado todas las propuestas, no ha quedado ninguna ideología en pie. Todos los modelos fallaron. La propia ciencia enmudece ante el tamaño del desafío. La idea de un nuevo renacimiento en el mundo pasa por emprender el único y quizás el más corto camino para alcanzar un orden social de paz, de justicia y libertad: el ascenso de un nuevo ser humano como la base sobre la cual construir un nuevo orden político, económico y social.
América Latina, se rebela contra los modelos económicos que solo sirvieron para profundizar sus niveles de desigualdad social, degradación ambiental y marginación cultural . Por ello, triunfan movimientos que desafían el pensamiento único y ponen proa hacia el encuentro de la política con las grandes utopías.
En Costa Rica, la democracia, la libertad y la justicia social se complementaron a lo largo de la historia. El modelo solidario que la distinguió por las oportunidades de desarrollo y ascenso social, y la convirtió en una de las experiencias políticas más exitosas del hemisferio, está gravemente amenazado por los efectos del sistema instaurado hace dos décadas.
Y por mucho menos de lo que pasa hoy, se rebelaron los pueblos en 1889 y en 1948. Hoy, la nación sufre, pero la hipnosis mediática produce una peligrosa indiferencia o fomenta el cinismo. El primer paso es lograr un nuevo despertar, como el que pudo verse en el combate desigual que concluyó con la imposición del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos.
El propósito de disminuir la influencia del Estado en la economía, a través de la idolatría del mercado y la judicialización de la política, ha traído como efecto una degradación de lo político y un desgaste acelerado de las instituciones. Una prolongada crisis fiscal deja el balance de un Estado impotente y, en lugar de ofrecer soluciones, Costa Rica aparece en la lista de los paraísos fiscales, delatando así, la esencia de su estrategia económica.
El delirio judicial ha generado una parálisis de las instituciones, postradas por la dictadura invisible de absurdos burocráticos. Ya el pueblo no cuenta, los partidos casi no existen y fueron copados por cuadrillas de oportunistas sin preparación, que van dejando una estela de clientelismo, corrupción y podredumbre en cada administración. Fraudes electorales de todo tipo abundan tanto en los procesos internos de los partidos como en las elecciones nacionales. El pueblo se retira de los procesos electorales, avergonzado de tanta degeneración.
Política y corrupción llegaron a ser sinónimos y la nación, aun anestesiada por la vorágine de noticias terribles, se escandaliza cuando ve que el fenómeno abarca políticos de todos los calibres, a líderes religiosos y empresariales.
La crisis financiera mundial pretende ser mitigada pasando la factura a los contribuyentes y su manifestación inmediata es el despido de miles de trabajadores. La situación amenaza más a los trabajadores, las pequeñas empresas, la economía social, y, en general, a los sectores más vulnerables, pues aun no se ve, con claridad, que la mejor vía para mitigar la emergencia es una gran cruzada mundial por acabar con la pobreza y los peligros ambientales. La palabra socialismo vuelve a aparecer en los titulares y las nacionalizaciones están a la orden del día en todo el mundo. Sin embargo, en Costa Rica, donde empiezan a registrarse las consecuencias anunciadas del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, y son los propios empresarios los que claman contra los abusos del nuevo régimen de propiedad intelectual, paradójicamente, la Asamblea Legislativa, nula en casi todo lo demás, muestra inusitada agresividad a la hora de privatizar más servicios públicos.
En medio de todo esto, el crimen organizado arrincona a la sociedad. Bandas de narcotraficantes y delincuentes de todo tipo atemorizan a la población. Este es uno de los problemas más apremiantes, pues en medio de los grandes carteles de la droga en Colombia y México, la pequeña Costa Rica, sin liderazgo político y con un Estado exánime, está sentenciada a acabar en manos de criminales, como ya ocurre en otros países de la región. Corrupción y criminalidad vienen siempre en pareja. Rescatar al país implica un llamado a una acción de defensa nacional. No tenemos guerra en las fronteras, pero los cánceres del narcotráfico y el crimen organizado hunden sus garras corruptoras en la sociedad, en la propia policía y en el aparato económico, político y judicial.
Costa Rica necesita una verdadera reconstrucción. Desde los orígenes de la nación, hubo condiciones para asentar una conciencia democrática basada en la igualdad. Enaltecemos el valor de la gesta de este pueblo en 1856 guiado por Juan Rafael Mora que impidió una invasión esclavista, nos inspiramos en las acciones populares que dieron sustento a la República en 1889, en las luchas sociales de la década de 1940 y la transformación generada con la creación de la Segunda República en 1948. Recogemos el legado de Alfredo González Flores, Omar Dengo, Joaquín García Monge, Carmen Lyra, Jorge Volio, Ricardo Jiménez, Manuel Mora, Rodrigo Facio, Monseñor Víctor Sanabria, Calderón Guardia y José Figueres Ferrer. Esa herencia irrenunciable nos inspira, pero no somos rehenes de la nostalgia, nos centramos en el presente con la mirada en el futuro. Somos fieles a la tradición, pero nuestra fidelidad es a la llama, no a la ceniza.
Varias naciones del mundo han podido alcanzar altos estándares de vida. Y algunas han podido derrotar la pobreza desde hace décadas. La cuestión hoy, es saber cuán sostenibles pueden ser esos logros, con la concentración de poder y la devastación ecológica creados por la voracidad corporativa y el imperio de la codicia. El mundo que saldrá de la crisis será diferente. No se regresará al socialismo centralizado y estatista, pero sí a un orden político basado en relaciones humanas de alta calidad donde no pueda justificarse ninguna concentración de poder, ni siquiera con el propósito de distribuir la riqueza; un sistema basado en la eliminación de la explotación, en la plenitud de la justicia social, en la verdadera democracia, en el poder del pueblo, en la búsqueda del bienestar del mayor número como guía suprema del proceso político y social, en una democracia ecológica que haga sostenibles las relaciones con el medio natural y en los más altos valores del espíritu.
Los costarricenses que desean actuar ante el reto del cambio y la reconstrucción deberán conocer dónde mirar, cuál estrella debe guiar el nuevo rumbo, cuáles valores inspiran nuestra acción. Por ello, creemos:
- que la acción del Estado debe dirigirse a la búsqueda del bienestar del mayor número, pues solo este legítimo propósito puede validar el uso del poder político,
- que el concepto de bienestar solo es válido cuando hay libertad, cohesión social, amor, cultura, igualdad, sostenibilidad ambiental y no es solo el aspecto material el que mide la felicidad de una nación,
- que la educación del pueblo es la condición ineludible para alcanzar la prosperidad, el bienestar, la plenitud democrática, la sostenibilidad ambiental y el goce de los bienes espirituales de la cultura,
- que un cambio radical, una verdadera revolución de la conciencia es la base de las nuevas actitudes para construir un nuevo orden,
- en la solidaridad, la cooperación, la armonía social y ambiental como la vía hacia la prosperidad, por encima de la codicia y la competencia sin reglas,
- que el progreso económico viene como consecuencia de la educación, la salud, la paz, la armonía, la distribución de la riqueza, la cultura, un medio ambiente sano y el bienestar del mayor número. El éxito económico no podrá medirse por los resultados aritméticos de la actividad productiva sino por sus efectos socio-ambientales. Creemos en el desarrollo sostenible y con perspectiva humanista por encima del crecimiento económico,
- que la situación de un país depende esencialmente de la educación, las virtudes y cualidades de su propio pueblo y no solo del sistema, el modelo o la ideología imperante,
- en la plena igualdad de género,
- en el culto a la transparencia como la mejor vía para acabar la corrupción,
- en la profundización de la democracia, en una más directa, más dinámica, y en la enorme energía social que se genera con lograr tanta distribución de poder como permita el ascenso educativo de la población,
- en la descentralización del poder y en la idea de que la experiencia democrática es más rica cuando más viva sea a escala local,
- que el concepto político de democracia no se logra sino al lado de la democracia económica, ecológica, social y cultural,
- en la construcción de un nuevo Estado, inserto en la sociedad misma, que reasuma las obligaciones elementales que ha abandonado como producto de la tendencia privatizadora, libre de las ataduras burocráticas y el dogmatismo judicial que lo han paralizado,
- en la responsabilidad ineludible del Estado de garantizar la tranquilidad de la población y poner en marcha los planes necesarios para acabar con el crimen y la violencia,
- en la autosuficiencia alimentaria y la defensa del pequeño productor agrícola,
- que un nuevo orden económico deberá contemplar el equilibrio ecológico, la protección de las especies naturales, la conservación de los recursos naturales y la salud del planeta como parte esencial de la actividad productiva,
- en la economía solar como la nueva etapa en el ascenso cultural del ser humano,
- en los grandes beneficios que depara convertir a Costa Rica en un centro mundial de la democracia ecológica y en el ejemplo de la nueva "ecolonomía".
Inspirados en estos principios PROCLAMAMOS la necesidad de:
- Plantear una estrategia de Reconstrucción Nacional, la convocatoria de una Asamblea Constituyente para construir un nuevo orden político, un nuevo concepto de Estado democrático (no burocrático), una democracia más profunda que sustituya el anacrónico presidencialismo por un sistema parlamentario moderno, e inicie un proceso de descentralización real de la Administración Pública.
- Fundar la Tercera República como respuesta a la obsolescencia del actual orden, a la anemia fiscal y a la degeneración del sistema político. La extrema judicialización de la política y de la Administración Pública ha creado una verdadera dictadura burocrática, lenta, ineficiente y absurda. Esto solo se puede cambiar con la creación de un nuevo orden político. No basta con arreglar la fachada y mucho menos con perpetuar la actual clase política.
- Al fundar la Tercera República reconocemos la necesidad de producir el nacimiento de un nuevo ciudadano responsable, educado, participativo y solidario, como el actor principal del nuevo orden político. Esto implica una reducción del personalismo narcisista, dominante en la cultura actual, establecer la mayor rotación en los puestos electivos y evitar así que castas profesionalizadas en la acción política conviertan la democracia en su banquete particular.
- Ubicar la educación en el centro de la estrategia, con una gran reforma educativa y una acción potente desde los medios de comunicación social para producir un verdadero despertar mental que inicie una verdadera transformación del costarricense, con una nueva actitud, una nueva ética, con el carácter para generar una renovada voluntad de mejoramiento y superación personal y colectivo. Solo seres humanos con una mente y valores superiores son capaces de construir formas de convivencia más elevadas. Solo con una expectativa de generar un renacimiento de las relaciones sociales y producir un verdadero empoderamiento de cada costarricense, es posible sacar a la población de la enajenación electrónica de la cultura actual.
- Promover la creación de un nuevo concepto de democracia integral, con el cual no solo se logre una democracia política más profunda, más dinámica, más viva, sino también que abarque el concepto de democracia económica, ecológica, social, cultural y mediática. En este nuevo concepto deben incluirse ideas como la economía popular, ecológica y participativa, un fortalecimiento de la economía social, la nueva idea del Movimiento de la Democracia Comunal, la red de información alternativa y un nuevo papel para las empresas cooperativas, las organizaciones sindicales y otras organizaciones sociales.
- Acometer como cuestión prioritaria y urgente la tarea de enfrentarse con el crimen organizado y acabar de una vez por todas con esta amenaza, para lo cual será necesario ver el problema desde la perspectiva de la defensa nacional y evitar así que el país, en medio de la pusilanimidad actual, caiga en manos de poderosas redes internacionales de delincuentes.
- Declarar nuestra voluntad de plantear una renegociación del Tratado de Libre Comercio como auspician las nuevas autoridades en los Estados Unidos. El TLC no fue aprobado para beneficiar a los trabajadores de Costa Rica, ni a los de Estados Unidos, sino a un grupo de grandes empresas particularmente interesadas en imponer su imperio en el régimen de propiedad intelectual. Costa Rica entregó potestades de nación independiente. Nuestro propósito es mantener un orden comercial justo, conveniente a todas las partes, simétrico en sus compromisos y que garantice nuestra seguridad alimentaria, pero declaramos nuestra intención de rescatar las libertades entregadas y la soberanía comprometida a favor de intereses particulares.
- Plantear un plan efectivo de lucha contra la corrupción que supere las iniciativas fracasadas, partiendo de reconocer que la corrupción no es simplemente un problema delictivo de individuos o de una parte de la sociedad, sino una enfermedad social que penetra todo el quehacer colectivo. Este plan debe integrar los conceptos, ya presentes en las democracias avanzadas, de control de resultados en la función pública y la revocatoria de cargos por medio de procedimientos expeditos de fácil activación, en los que el ciudadano sea fiscalizador directo de los servicios que recibe. Solo existe la corrupción en la Administración Pública cuando la misma sociedad la vive y la sustenta. El remedio debe trascender la concepción actual y aparte de las medidas punitivas y los controles eficaces, debe renacer una nueva ética social que permee la mentalidad y la actitud de todos los costarricenses. La lucha contra la corrupción no son reglas que se imponen a los demás, es un desafío a cada uno de los ciudadanos para no tolerarla, para no alimentarla, para no generarla.
- Plantear una nueva estrategia económica que sirva para afrontar la crisis internacional y construir las nuevas fortalezas. Esa estrategia habrá de partir de la búsqueda del bienestar socio-ambiental como objetivo central y obtener la prosperidad económica como resultado.
- Centrar los planes de recuperación para afrontar la actual crisis económica aumentando la inversión pública y, fundamentalmente con un proyecto decidido de recuperación social, que incluya el mejoramiento de las condiciones de los trabajadores, regresar a las políticas de salarios crecientes, iniciar programas de crédito a las pequeñas empresas, creando y fortaleciendo redes empresariales comunitarias que favorezcan la inversión y la participación de la población y aumentar el monto de la inversión social para evitar que la crisis afecte a los más pobres.
- Reconocer en la ecología, la energía y la educación los puntales básicos de nuevos esquemas de producción. Costa Rica goza de una inmensa riqueza energética renovable y se reconoce que tiene la más rica biodiversidad por área en el mundo. Si se agrega el factor educativo, como un aspecto macroeconómico esencial, es posible construir así una nueva Estrategia Económica = Educación + Energía + Ecología.
- Una política de fortalecimiento del mercado nacional debe acompañar una nueva generación de ideas de promoción de exportaciones. Dentro de esta política, nos definimos claramente a favor de la búsqueda de la autosuficiencia alimentaria y por el apoyo al pequeño productor agrícola nacional.
- Emprender las acciones eficaces para acabar con el saqueo de nuestras riquezas marinas y desarrollar una estrategia de aprovechamiento y conservación sostenible de la inmensa y reconocida riqueza existente en nuestro mar patrimonial.
- Acabar con el desgastante enfrentamiento entre el Estado y las empresas como parte del conflicto con la sociedad misma. Una nueva sinergia deberá surgir a partir de comprender el reto económico y social como uno solo, de ver al Estado no solo como el guardián para vigilar y controlar el proceso económico, sino como un activo promotor, un apoyo al empresario que asuma no solo la responsabilidad de crear empresas competitivas, sino también de asumir su papel como verdaderos concesionarios sociales en la múltiple tarea de producir con eficiencia, generar recursos para la función pública y producir bienestar social.
- Definir una política fiscal permanente y progresiva que parta por establecer los controles y el cobro efectivo de los impuestos existentes, por modernizar el sistema tributario y fijar nuevos ingresos que generen un aumento paulatino de la proporción de la producción nacional que se destina a los gastos del Estado. No es posible tener un país viable social, ambiental y económicamente, con un Estado en permanente emergencia fiscal o renunciando a sus responsabilidades fundamentales por falta de recursos.
- Establecer los controles necesarios para controlar precios en las áreas que puedan afectar más a los sectores sociales más vulnerables, como es el caso de las medicinas, los productos agroquímicos y otros.
- Plantear un plan para mantener y mejorar la infraestructura nacional, hoy prácticamente abandonada por la política de reducción del papel del Estado. Dentro de este plan, deberá incluirse la idea de poner en marcha una verdadera modernización del transporte público de personas en la región metropolitana, que implique el uso de medios ferroviarios avanzados como los que existen en la mayoría de las ciudades de los países más desarrollados.
- Emprender la defensa de las riquezas naturales, del agua y de los demás recursos renovables a favor de nuestro país con nuevas ideas y estrategias, incluyendo el reconocimiento efectivo de los derechos ambientales de todos y todas las costarricenses.
- Plantear una nueva estrategia para el mejoramiento de la salud, que implique información masiva en alimentación, higiene y prevención. Incluir la modernización de la seguridad social y la urgente defensa de los avances logrados por Costa Rica como forma de conjurar la privatización y la implantación o copia de modelos fracasados hasta en países ricos como es el caso de los Estados Unidos. La seguridad social debe mantener su propósito de servir a todos, a ricos y pobres, mediante el principio de solidaridad, y rechazamos la intención de que la salud del pueblo se ponga en manos de intereses de grandes empresas suplidoras de medicinas, equipos y servicios, cuyo afán de lucro se ha ubicado por encima de la salud y hasta del derecho a la vida.