A un fugitivo de la justicia, se le aprehende sólo al verlo.
Mediante una incursión a suelo hondureño, el presidente Zelaya, demostró que los golpistas no lo quieren capturar, lo cual ya sabíamos cuando impidieron que el avión que lo llevó antes, aterrizara, estando pendiente la amenaza de captura y detención judicial. Eso es a todas luces antagónico con lo que han venido esgrimiendo los golpistas y sus simpatizantes, esparcidos mayoritariamente en las clases de privilegio en Honduras y alrededores.