La casa patriótica es un punto geográfico donde se reúne la gente de un cantón, de un distrito, de un barrio, o de una calle con la ilusión de hacer un cambio personal para darlo como respetuosa ofrenda a nuestra Patria.
El costarricense ha llegado a separarse totalmente de lo que llamamos “La política” con un gesto y una entonación despectiva, despreciativa que implica más bien, que no tiene nada que ver con nosotros ni con nuestra vida cotidiana y que, entre más lejos estemos, mejor porque nos ensucia. Participar en esa actividad es entendido casi como meterse en acciones delictivas o cuasi delictivas. No estar en política es mantenerse impoluto, libre de tentaciones detestables y acciones peores.